La exploración debe comenzar con la inspección de la espalda (Tabla I), con el explorado estando de pie y solo con ropa interior.
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Plano frontal |
Inspección |
Determinar si existe:
-Desnivel de hombros y escápulas
-Asimetría triángulo talle
-Protrusión posterior de una escápula
-Linealidad de las apófisis espinosas
-Protrusión anterior de un hemitórax |
Exploración |
- Palpación y pintado de apófisis espinosas
- Medición flechas frontales
- Test de Adams: Cuantifica-ción de la giba en grados y/o milímetros (gibómetro). |
Tabla I.- Sistemática de exploración del plano frontal del raquis.
El médico debe buscar si existe algún desnivel entre los hombros, escápulas y/o pelvis; así como si existe alguna asimetría en el triángulo del talle (espacio comprendido entre la cara interna del brazo y la cara externa del torso); o en el pliegue del talle (Fig. 7a); también ha de buscar si existe protrusión posterior (como de una escápula o de la zona paravertebral torácica o lumbar) o de la parte anterior de un hemitórax.
Hay que valorar si el pliegue interglúteo es vertical (Fig. 7b) o si se encuentra oblicuo (inclinado), lo que nos hará sospechar la existencia de una dismetría (distinta longitud entre los miembros inferiores).
Tras la inspección, el médico podrá determinar si la persona explorada presenta un morfotipo normal (descarta que tenga escoliosis) o por el contrario si presenta un morfotipo escoliótico (sospechará la existencia de una escoliosis). Con frecuencia, con la inspección no puede establecerse si estamos ante una actitud escoliótica o ante una verdadera escoliosis.
Siempre que exista una protrusión paravertebral o escapular (inspección posterior), o de la parte anterior costal, debe sospecharse que presenta una verdadera escoliosis (Fig. 8).
Es importante fijarse en la musculatura paravertebral, porque cuando existe una escoliosis, se apreciará una protrusión torácica o lumbar de un lado, estando el otro deprimido. Este signo indica rotación, pero suele pasar desapercibido con frecuencia. En general, esta rotación en bipedestación suele coincidir con la rotación que se pondrá de manifiesto con el test de Adams (Fig. 8a y b).
La inspección hay que completarla con la visión anterior. En caso de escoliosis puede apreciarse una protrusión anterior de un hemitórax, que suele ser opuesta a la observada en la inspección posterior. No confundir las frecuentes asimetrías de la parrilla costal (Fig. 8c) con la protrusión anterior de un hemitórax debida a la rotación vertebral (Fig. 8d).
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| Fig. 8c.- Asimetría costal que produce una protrusión del hemitórax anterior derecho. |
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Fig. 7a.- Desnivel entre las escápulas y asimetría en el triángulo del talle (aumentado el izquierdo y plano el derecho), lo que indica un morfotipo escoliótico.
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Fig. 7b.- Talle asimétrico (aumentado el derecho), con hombros nivelados. Existe una curva tóraco-lumbar izquierda.
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Fig. 8a.- Escápula y hombro izquierdo más elevados. Existe protrusión del área paravertebral torácica baja derecha, con un pliegue del talle izquierdo notablemente más marcado. Este morfotipo sugiere la existencia de escoliosis.
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Fig. 8b.- Test de Adams positivo de la paciente anterior. Existe una giba torácica derecha, lo que indica que tiene una escoliosis estructurada
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Fig. 8d.- Asimetría costal izquierda, cuando se asocia a una giba torácica derecha indica que existe una ESCOLIOSIS
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Palpación y pintado de apófisis espinosas.
Se palpan las apófisis espinosas de las vértebras marcándolas con un rotulador, desde la apófisis prominens (C7) hasta alcanzar el inicio del sacro (S1), de esta forma se obtiene un dibujo bastante aproximado de la linealidad del raquis (Fig. 8a).
Flechas frontales y equilibrio del raquis.
Tras el pintado, aproximamos el hilo de la plomada. La referencia ha de ser la séptima vértebra cervical y tiene que sobrepasar el pliegue interglúteo (Fig. 9).
Cualquier curvatura que se observe habrá que cuantificarla (medición de las flechas frontales o laterales), midiendo la distancia que existe entre el hilo de la plomada con la espinosa más alejada. Este sencillo y rápido método, nos permite identificar la localización y el ápex de las curvaturas existentes con una muy aceptable aproximación.
El hilo de la plomada suele coincidir con el pliegue interglúteo y cuando así sucede indica que el raquis está equilibrado. Cuando no coincide el hilo indica que el raquis está descompensado (a la izquier-da o a la derecha).
Midiendo la distancia entre el hilo de la plomada y el pliegue interglúteo (de 5 en 5 mm), podemos cuantificar el desequilibrio del raquis, considerándose anormal cuando tiene > 10 mm (Fig. 9c).
En caso de dismetría, tras nivelar la pelvis se repetirá la exploración con la plomada, para determinar la localización de las curvaturas y su magnitud mediante la flecha frontal.
Se explorará la nivelación de la pelvis buscando si existe desnivel en su plano frontal (una más alta que la otra). Cuando exista una dismetría se suele colocar alzas de diferentes grosores bajo la pierna más corta, hasta nivelar la pelvis (Fig. 10) y nuevamente habrá que repetir toda la exploración del raquis (morfotipo, flechas y test de Adams).
Test de Adams. Cuantificación.
La comprobación clínica de la rotación vertebral (indica estructuración), se realiza con la maniobra de flexión anterior del tronco o test de Adams. Se realiza invitando a que flexione lentamente el tronco con los brazos colgando, las palmas de las manos mirándose y las rodillas extendidas. El explorador se coloca por detrás y observa el comportamiento del raquis, buscando la aparición de una giba (en tórax) o un saliente paraespinal (en la región lumbar), que sería indicativo de una rotación vertebral.
Cuando alcanza la máxima flexión del tronco se realiza la maniobra inversa, subiendo lentamente hasta que se incorpore completamente.
Cualquier desnivel que se detecte hay que cuantificarlo, indicando la vértebra y el lado que esté más elevado (indica la convexidad).
La cuantificación de la giba puede realizarse mediante la utilización de un nivel (Fig. 11a) con barras laterales (que denominamos “gibómetro”) que apoyamos en la zona más alta de la giba y sobre la más elevada de la zona deprimida. La giba se cuantifica en mm. La presencia de una giba de hasta 5 mm se interpreta como normal.
La cuantificación en grados puede realizarse con el Escoliotest o Escoliometer (Fig. 11b). La presencia de una giba hasta 5º se considera normal, aunque existen estudios que establecen este límite de normalidad hasta los 7º.
El test de Adams es la maniobra más aceptada universalmente para diferenciar entre una actitud escoliótica y una escoliosis estructurada. En ocasiones apreciaremos una curvatura del raquis sin protrusión paravertebral, que también indicará la presencia de escoliosis.
En las escoliosis más graves, es frecuente encontrar dos o tres gibas opuestas, por lo que habrá que elegir el punto de mayor giba (mayor grado o más milímetros) y medir todas las gibas que se presenten.
En caso de dismetría, tras nivelar la pelvis con alzas, habrá que repetir el test de Adams, porque con frecuencia se produce una modificación (hay gibas que desaparecen lo que indica que la curvatura es secundaria a dismetría). En otras ocasiones la giba se incrementa, lo que indicará que suele coexistir la dismetría y la curva escoliótica.
Análisis de la flexibilidad de las curvas escolióticas.
Cuando existe una curvatura escoliótica, es interesante estudiar su flexibilidad o grado de corrección.
Se invita al explorado a que realice la máxima inclinación del tronco hacia un lado (Fig. 12) y se vuelve a pintar las apófisis espinosas (las marcas realizadas en su posición habitual, no traducirán la nueva postura de la columna vertebral.
En esta postura, observaremos la curvatura escoliótica. Cuando desaparece o se invierte, indica que la curva es flexible y es un signo que indica mejor pronóstico.
Otra maniobra para diferenciar entre actitud escoliótica o escoliosis, es estimular “huidas” con nuestras manos en las convexidades e invitar a que mantenga la corrección obtenida. En esta nueva postura, se acerca el hilo de la plomada y se compara con la nueva disposición del raquis, fijándonos en la reducción de las curvas escolióticas y en el eje del raquis. En las escoliosis leves y más flexibles, tras esta maniobra, podemos observar la total desaparición de la escoliosis, lo que indica que tendrá una mejor evolución (Fig. 13 y 14).
Para la escoliosis moderada o con una giba notable, es útil realizar la des-rotación del tronco durante el test de Adams y comprobar qué grado de reducción se obtiene. En casos de gran
estructuración, casi no se reduce el grado de rotación y en los casos más flexibles, desparecerá completamente la giba.
Estudio de la rotación de las cinturas.
Las cinturas escapular y pélvica pueden presentar rotación. Esta rotación puede ser en el sentido de las agujas del reloj (horaria) o en el sentido contrario (antihoraria).
Clínicamente suelen pasar desapercibidas y es importante su detección para indicarlo al fisioterapeuta (para que actúe sobre ellas dentro del plan de tratamiento) y al técnico ortopédico cuando precisen corsé.
Se detecta esta alteración cuando un hombro está adelantado y el otro atrasado respecto a la posición del tronco y de los pies. Cuando el hombro que está atrasado es el derecho, se cataloga como rotación horaria y si es el izquierdo como antihoraria.
Igual sucede con la pelvis. Cuando es la hemipelvis izquierda la que está retrasada, indica que presenta una rotación horaria.
Estas rotaciones serían fáciles de apreciar si realizásemos una visión cenital, por lo que sólo podemos cuantificarlas con sistemas de exploración tridimensionales. La rotación pélvica puede cuantificarse también en la radiografía A-P del raquis en bipedestación (lo describiremos en el tema de las Radiografías).
Estudio fotográfico
Es recomendable realizar un estudio fotográfico, al menos, al inicio del tratamiento lo que permite reducir el número de estudios radiográficos para el seguimiento.
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